sábado, 5 de octubre de 2013

El tango de Roxanne

Moulin Rouge, además de ser un teatro en Francia, también es un musical. Esa grandiosa película cuya protagonista es Nicole Kidman, se convirtió en parte del repertorio de Noches de Nostalgias de Cabaret, hecho por el Teatro Rodante Taina Rosado, del municipio de Bayamón.
Como celebración de los 15 años del Teatro Rodante, se hizo un popurrí de obras destacadas dentro esos históricos años, llevados por la mano de la actriz y directora de teatro Johanna Ferrán. Dentro de esas piezas se destacaron: Noches de Nostalgias de Cabaret, Poesía Negra, Bailes Típicos de Puerto Rico, Bodas de Sangre, entre otros. Como cierre de esta gran actividad bailamos  el tango de Roxanne. Puesto que no somos bailarines sino actores, pasamos el doble del trabajo. Se remonto el tango en tres largos días. Fue agotador y exhaustivo, pero se logró.
 
El esperado día de la función llegó y todos los actores nos encontrábamos ensayando el tango. Era la primera vez que yo hacia un baile de esa manera, tan apasionado y sensual (porque eso es el tango, una seria sensualidad). Los pensamientos negativos me invadían, pues sentía un gran temor de fallar por mi espalda. Curiosamente mi operación en la columna vertebral se había convertido para mí en ese momento en un “hándicap”. Esa noche fue una de las noches más maravillosas, pues me propuse muy dentro de mí olvidarme por un momento de esas varillas y tornillos y sutilmente escuchar esa música que contaba la historia de aquella prostituta. ¡Así sucedió! Y comenzó la escena: subía por el extremo derecho Jocelyn Vélez junto Adyel Amat y desde las escaleras al fondo descendía Alberto Viera. En composición ya estábamos los actores. Aunque no éramos bailarines algo si nos habia enseñado nuestra directora: "el actor sabe hacer bien lo que no es". Esa noche fuimos no tan solo actores sino que también, bailarines de tango. Todo acabo y el público en un estruendo se puso de pie y aplaudió. No hubo sensación más hermosa que esa, ver a todo el teatro repleto de personas en pie de apoyo al trabajo de los artistas. ¡Gracias!

La próxima función nos aguarda. ¡Espérennos!  
Dorcas Figueroa

viernes, 6 de septiembre de 2013

Lo tendremos todo

En todos los tiempos existen personas de moral fingida. Son aquellas que viven de una apariencia intachable y de valores incorruptibles pero a puerta cerrada son otras cosas. A mí me gusta mucho un poema de Alfonsina Storni, una mujer que para su tiempo rompió los esquemas por ser madre soltera y sobre todas las cosas por no tener una moral fingida.  Lee y no captes lo superficial solamente. No hay nada mejor que gozar de cada uno de los placeres de la vida que se encuentran en el conocimiento y en romper las reglas de los pueblos que pretende que quedemos en una nada. El poema es muy conocido: Tú me quieres blanca.
Tú me quieres alba,
Me quieres de espumas,
Me quieres de nácar.
Que sea azucena
Sobre todas, casta.
De perfume tenue.
Corola cerrada

Ni un rayo de luna
Filtrado me haya.
Ni una margarita
Se diga mi hermana.
Tú me quieres nívea,
Tú me quieres blanca,
Tú me quieres alba.

Tú que hubiste todas
Las copas a mano,
De frutos y mieles
Los labios morados.
Tú que en el banquete
Cubierto de pámpanos
Dejaste las carnes
Festejando a Baco.
Tú que en los jardines
Negros del Engaño
Vestido de rojo
Corriste al Estrago.

Tú que el esqueleto
Conservas intacto
No sé todavía
Por cuáles milagros,
Me pretendes blanca
(Dios te lo perdone),
Me pretendes casta
(Dios te lo perdone),
¡Me pretendes alba!

Huye hacia los bosques,
Vete a la montaña;
Límpiate la boca;
Vive en las cabañas;
Toca con las manos
La tierra mojada;
Alimenta el cuerpo
Con raíz amarga;
Bebe de las rocas;
Duerme sobre escarcha;
Renueva tejidos
Con salitre y agua;
Habla con los pájaros
Y lévate al alba.
Y cuando las carnes
Te sean tornadas,
Y cuando hayas puesto
En ellas el alma
Que por las alcobas
Se quedó enredada,
Entonces, buen hombre,
Preténdeme blanca,
Preténdeme nívea,
Preténdeme casta.
Una vez leí en algún lugar que el peor enemigo de un gobierno corrupto es un pueblo culto. En la literatura se encuentran herramientas valiosas, reclamos y sueños que en algún futuro no tan lejano como el presente podemos usar. Los gobiernos prefieren por encima de todo un pueblo ignorante, conformista y sin preparación, para esto usan diversas maneras que están dando frutos como plaga ardiente.
Recapacita: Cuando ellos se quiten los placeres de estudiar, de informarse y de no conformarse entonces que nos pretendan ignorantes, conformistas e incompetentes. Mientras tanto, no  desaproveches cada oportunidad de coger un libro, de escuchar una buena música, de ver una buena obra de teatro, de crear, pero sobre todo de conocer más de dónde venimos. Cuando crean que realmente no tenemos nada, lo tendremos todo.
Dorcas Figueroa

miércoles, 21 de agosto de 2013

La Carta con Destinatario y sin Direccion


“Te extraño profundamente y sin conjeturas. A sabiendas del futuro incierto y a pesar de la distancia que siempre nos separó”. Se oyó un profundo suspiro, la punta del lápiz se partió y una lagrima recorrió la mejilla tierna y roja de aquella joven. La carta nunca llegó, pues, aunque conocía el destinatario, también sabía que en esencia no conocía ni siquiera una dirección que le marcara el rumbo de su corazón.
Dorcas Figueroa

¡Dorcas, quiero escribir!


 
Estuve compartiendo con un hombre de quien he vivido enamorada (por su versatilidad teatral) desde que subió a escena junto a mí, realizando innumerable obras de teatro y dándole vida a personajes que había escrito exclusivamente para ser representados por Peter Santiago. Hace tres semanas, una tarde, me encontré con él. Venia vestido con su uniforme de trabajo, una libreta y un lápiz. Se sentó y sus primeras palabras fueron: “¡Dorcas, quiero escribir!”.  Sin perder tiempo me presento su propuesta. Comenzamos por el principio: identificar que quería escribir, para quien (aunque las letras del corazón las deberían de leer todos) y con qué propósito. Todas las preguntas me las contestó firmemente. De ahí pasamos a la estructura, a la ortografía, referencias… En fin, habíamos pasado toda esa tarde juntos.
 
Hoy durante la mañana me llamó para decirme que quería reunirse conmigo a pesar de que ayer lo había visto y mañana volveré a verlo. Yo acudí a esa cita que de emergencia había surgido. “Siéntate Dorcas, lee y dime, si esto esta correcto o no lo está”.  Yo lo leí con detenimiento y precaución. Lo mire fijamente con una expresión fingida de preocupación. Hubo un silencio. Se sentó. Miró su teléfono. Lo apagó. Parpadeó. Respiro hondo y me habló. “Está mal, ¿verdad?”. Aterrado con cara de pocos ánimos su mirada decayó al suelo. Yo levante su quijada, pase mi mano por su mejilla y le conteste: “Ahora sí que es verdad, estoy preocupadísima (con una sonrisa en mi rostro), si yo tengo Agujeros en el Agua tu abrirás pronto Vuelo de Pez o algo similar, porque me encanta tu manera de escribir”. Sonrió y dio un salto. Besó mi mejilla y susurró a mi oído: “No vuelvas a asustarme de esa manera”. Me dio un mal de risa, pues, sus palabras fueron más sutiles de las que esperaba.
Gracias Peter Santiago. Gracias por hacerme parte de tu vida y parte esencial de tus letras. Mis respetos.
Dorcas Figueroa

domingo, 21 de julio de 2013

Vivo Actuando

Bodas de Sangre, Fotografia: Adyel Amat
Direccion: Johanna Ferran
¡Vivo actuando!, esa es mi realidad. Durante todos estos años he crecido con el deseo ferviente de ver que las personas tomen en serio y visualicen mas allá lo que es el arte, valorizándolo tanto que logren captar su verdadera esencia.
               

Cuando me trepo al escenario me dan nervios. Tuve un maestro que me enseno muchísimo y entre todo me dijo que sentir nervios era importante porque significaba que estaba enfocada en hacer las cosas bien. “El día que los dejes de sentir, asústate, porque ya te da lo mismo”. Una vez estoy allí, sube el telón y se prende las luces todo cambia. Comienza la función. La magia surge y el espectador se envuelve. Ya no están sentados en un teatro, ahora están en el lugar de la representación y lo mejor de todo es que son cautivados por el arte.  Son las letras, la literatura, la música, la danza, el circo, la pintura, pero sobre todo el teatro, las cosas que hacen que la vida valga la pena. Todas ellas logran capturar un instante y plasmarlo de tal forma que cautive el entendimiento llevándolo así en la memoria para toda la vida, porque al final, eso es lo único que nos queda: el conocimiento y la memoria.
La Casa de Bernarda Alba
Yo si volviera a nacer, volvería hacer lo mismo sin pensarlo dos veces.
Dorcas Figueroa

Extraditados: La Caja de Historias


Historias muchas tenemos para contar. Yo cuento la mía día a día porque no escribo por escribir, sino que  solo escribo lo que creo saber sentir. Aunque si es cierto que no soy la única con vivencias extraordinarias, no es menos verdad que todo obrero del arte ve la vida de una manera diferente. Se aprende en el camino a mirar con los ojos del corazón.
Subió el telón y un viernes sobre el escenario con dos guitaras, un par congas, un piano y dos micrófonos se llenó de magia aquel lugar. La fusión de las artes era maravillosa: poesía, música y teatro. No sé porque (o tal vez si lo sé), pero en mi cabeza solo tenía aquella música que sonaba tan magistralmente la cual decía: “…Hay un millón de locos orbitando, músicos en peligro de extinción, los poetas, los poetas delirando. Hay un mundo esperando, ¿y qué esperas tu?”. Solo me acordaba de esa parte de la canción (en un principio, porque ya me la se completa) y la repetía constantemente. Conviviendo un poco más con los integrantes de la banda ya me supo más el porqué su música me contagiaba. Era evidente, somos todos jóvenes dedicados al arte. 
Todas las canciones tenían un toque especial, eran vivencias y experiencias reales de sentimientos y situaciones que al escucharlas cobraban otro sentido. Ya no era simplemente las letras de Omar Quiñones vocalizadas por Lydiana Santiago y tocadas por la banda, ya eran las canciones que el público cantaba. Todos tenemos una historia que contar. Muchas veces la guardamos en una caja y la escondemos en el rincón más lejano que podemos encontrar, ignorando que las historias se hicieron para contar y también para cantar.
 
 
Dorcas Figueroa
 

sábado, 20 de julio de 2013

No es el tiempo, son las Mentes


Cada vez que observo a mi alrededor me doy cuenta que el tiempo se ha detenido, que los días pasan, las horas vuelan y los minutos se van mas rápido (el tiempo no da para nada). Pero evidentemente el tiempo si se ha detenido. En mi desconcierto me senté en la plaza y volví a observar a mí alrededor. Frente a mi quedaba la iglesia que tenía sus puertas abiertas y estaba vacía. Entré. Solo había dos mujeres de unos 40 a 50 años aproximadamente, con rosarios y abanicos de mano. Las observe durante 15 minutos hasta que una de ellas salió. La otra me miró. Salí de la iglesia y me senté nuevamente donde estaba y seguí observando a mi alrededor. Me fije en los viejitos que jugaban domino, en una adicta que tenía un libro y una pareja joven que no hacía más que exhibir su amor de una manera muy atrevida.
La señora salió de la iglesia y se acercó a donde mí y me preguntó si estaba atravesando por algún problema. Le dije que no. Evidentemente yo no tenía un problema. Ella me miró fijamente y me dijo que sabía lo que estaba pensando. “Estas pensando que el tiempo se ha paralizado, pero no es así, el tiempo sigue corriendo lo que no corre son las mentes de las personas”. Sacó de su cartera un álbum pequeño de fotos y me mostró como era antes la plaza y como ella disfrutaba junto con sus hijos allí. Era increíble el cambio. Le pregunte por sus hijos (los de la foto). Ella contestó: “Es una pena que ya no estén aquí, se han ido al extranjero porque no se hallan en su tierra”. Fue una terrible respuesta: “Ojala y vuelvan porque si seguimos como vamos, se nos van a ir todos los profesionales y personas cultas”. Ella sonrió y dijo que estaba segura de que sus hijos regresarían porque se les inculcó de muy pequeños el amor a su tierra (que es lo que ahora nos falta). A mí solo me resta decir que yo amo mi patria. Y me hace feliz saber que no somos tan pocos los que pensamos que vale la pena tener un hogar libre.
Dorcas Figueroa